Sevilla y sus artistas

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Siempre se ha dicho que quien no ha visto Sevilla no ha visto maravilla, y en cierto modo es verdad dado la cantidad de lugares, sitios, escenarios y monumentos que la posee la ciudad del Guadalquivir. Con la llegada del Siglo XVI y los sucesivos descubrimientos de las diferentes tierras americanas la corona española se dio cuenta de que se debía organizar y estructurar una maquinaria burocrática que administrara los territorios descubiertos y a sus nuevos habitantes, por ello el 20 de enero de 1503 los Reyes Católicos firmaron una Real Cédula mediante la cual se creaba la Casa de la Contratación en Sevilla. Esta Casa de la Contratación sería el primer eslabón de toda una cadena de instituciones, organismos y oficinas que compondrían el armazón administrativo y de control de España en América, la elección de Sevilla como Puerto de Indias no es casual ya que la ciudad posee uno de los pocos puertos interiores en uso, esto le confería una posición ideal para ser el lugar donde los cargamentos y mercancías provenientes no solo de América sino de buena parte de Europa descargaran y fueran custodiados a salvo de ataques, pillajes y robos enemigos.

Pero toda esta vorágine también creaba un caldo de cultivo bastante inquietante y un tanto peligroso, hablamos del llamado Hampa o Germanía, esto es, bandas organizadas de ladrones, asesinos y criminales varios que acudían a Sevilla al calor de los metales y piedras preciosas, especies, y en suma todo con lo que se pudiera mercadear, traficar, robar o vender…estas bandas y organizaciones fueron el antecedente de la mafia moderna que hoy conocemos. Una de las bandas más famosas fue la llamada “Garduña”, este nombre proviene de un mamífero nocturno que suele alimentarse de noche y posee una garras muy afiladas para atacar a sus enemigos, quizás de ahí el nombre de esta organización, violenta, despiadada y brutal.

La Garduña es una organización mitad realidad mitad mito, ya que el llamado “Libro Mayor” donde se detallaban todas sus acciones y los nombres de sus miembros más importantes ardió en un terrible incendio acaecido en 1918 en el edificio de la Real Audiencia situado en la Plaza de San Francisco, por lo que con ese incendio se perdió la opción de conocer como fue esta organización (si es que llegó a existir realmente).

Esta banda asentada en Sevilla tuvo sus orígenes en Toledo en el siglo XV de la mano de un visionario o fanático llamado Apolinario, el cual recibió el encargo de liberar a España de presencia musulmana y judía, con esta excusa lideró a una banda que asaltaba y robaba casas y propiedades de ciudadanos de estas dos culturas en dicha ciudad, posteriormente esta organización se expandió y una de sus ramas llegó a Sevilla donde se asentó al calor del dinero y el comercio.

Esta banda no era un grupo de desarrapados que actuaban sin ton ni son, al contrario estaban perfectamente organizados y estructurados. En lo más alto de la organización estaba una  cúpula  formada por un “directorio” que nunca daba la cara y se componía de personajes muy poderosos de la sociedad de la época. A esta cúpula solo tenía acceso el Gran Maestre, el cargo inmediatamente por debajo de la cúpula un personaje que hace de nexo entre la cúpula y los subordinados. Este cargo poseía bajo sus órdenes a un capataz o encargado por ciudad. Cada capataz dirige a dos tipos distintos de delincuentes. Por una parte tenemos a los punteadores o floreadores que eran básicamente los encargados de matar, agredir y amedrantar. Por debajo de estos criminales estarían los postulantes, los cuales se encargan de apoyarlos en diversas tareas como recaudar contribuciones o llevar la contabilidad y que esperaban alcanzar la posición de punteador o floreador. Y finalmente nos encontramos a los llamados fuelles o aprendices, de los cuales había diversos tipos: soplones, chivatos, coberteras y sirenas. Los soplones eran mendigos y ancianos que ejercían la función de ojeadores, vigilaban y entraban  en las casas invitados por sus inquilinos para recibir comida o algunas monedas y así saber si dicho hogar merecía la pena robarse. Los chivatos suelen ser personas infiltradas en todos los círculos sociales y de paso para descubrir a posibles enemigos ocultos, formaban el “servicio secreto de la Garduña” por decirlo coloquialmente. Los coberteros eran los encargados que vendían mercancía robada, y las sirenas son las prostitutas, las cuales al estar todo el día en la calle eran una valiosa fuente de información para la organización en el día a día. Para identificarse entre los diferentes miembros de la banda estos llevaban tres puntos tatuados en la palma de la mano. Según dicen la Garduña no solo se dedicaba a actividades ilícitas, debido a su influencia también ponía y quitaba cargos públicos, amañaba contratos comerciales y su poder eran tan grande como el de la Santa Hermandad según las malas lenguas.

La leyenda dice que las mafias actuales italianas fueron creadas e influenciadas por tres hermanos provenientes de España que respondían a los nombres de Osso, Mastrosso y Carcagnosso. Dichos hermanos huyeron de Toledo tras vengar a su hermana tras un ultraje y se refugiaron en Italia. Los tres caballeros se refugiaron en la isla mediterránea de Favignana, cerca de Sicilia, y allí permanecieron más de 29 años tiempo en que calcaron las reglas sociales y el código que según se dice rige en las actuales mafias italianas. Tras separarse cada uno llevó estas normas a tres lugares distintos del país alpino: Osso las difundió en Sicilia (creando La Cosa Nostra), Mastrosso las expandió en Calabria (territorio de la 'Ndrangheta) y Carcagnosso las divulgó Napoles (Camorra)

Sevilla era pues, en el siglo XVI un sitio lleno de vida, ajetreo, bullicio y mercancías de todo tipo que daban vida y color a la urbe, pero que también, como sucedió con Las Vegas a partir de los años 50 del pasado siglo, atraía a elementos de todo tipo a cada cual más evitable y despreciable, los cuales buscaban hacerse ricos y poderosos en una época cambiante, novedosa y en la cual el mundo estaba mutando a una nueva fase a todos los niveles y en la cual nadie quería quedarse atrás, y el Hampa no iba a ser menos…las llamadas “aristas” de Sevilla.