El día que Sevilla se sumió en la oscuridad

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Sevilla ha tenido buenas y malas épocas, buenas y malas rachas, pero el espacio de tiempo del que vamos a hablar ahora es uno especialmente triste a la par que olvidado por los sevillanos a día de hoy, se trata de la invasión y ocupación napoleónica de la ciudad de Sevilla.

Esta etapa está caracterizada por la alternancia de sucesos trágicos con otros revestidos de tintes heroicos y épicos en cierto sentido. Curiosamente en este 2019 se cumplen dos siglos desde que Sevilla fuera elegida para ser la sede y el hogar de la llamada Junta Suprema Central, órgano de resistencia a Napoleón en España. Desde diciembre de 1808 y hasta febrero de 1810 Sevilla sería la capital de la España libre ante las hordas francesas que ocupaban la nación (anteriormente los miembros de la Junta habían huido de Madrid ante el avance francés para refugiarse en Sevilla). Si bien la victoria en Bailén supuso un revés para Napoleón y una gran inyección de moral para los patriotas españoles. Pronto los franceses se repusieron y acometieron con fuerza una ofensiva que culminaría con la toma de Madrid de nuevo y la elección de Sevilla como nueva capital política de España. Desde Sevilla, entre otras acciones, se organizaría la Batalla de Bailén o la petición de ayuda a Inglaterra para entrar en guerra contra Francia…

Tras una serie de batallas, a lo largo de 1809, finalmente los franceses llegaron a principios de 1810 a las puertas de Sevilla, y de nuevo los miembros de la Junta tuvieron que huir más al sur, esta vez a Cádiz, donde resistirían dos años a los bombardeos y asedio francés, tiempo en el que redactarían la famosa constitución de 1812.

Pero volvamos a Sevilla, tras la huida de las autoridades, quedó la ciudad un tanto huérfana de personas que ejercieran el mando y tomaran las decisiones oportunas en estas horas tan complicadas, se formó una comisión con el gobernador militar de la época y varios funcionarios de la ciudad que intentaron unas condiciones honrosas para la ciudad. Tras la ocupación de la ciudad y la imposición de unas condiciones draconianas la ciudad quedaría sumida en la oscuridad histórica si bien las calles debían estar perfectamente iluminadas para evitar delitos o quebrantamientos del toque de queda. El Comandante en Jefe del ejército de Andalucía, al mando del temido Mariscal Soult, se instaló en el actual Palacio Arzobispal y se dedicó al saqueo “a la carta”, es decir, sabía dónde encontrar y hallar las mejores obras de arte para añadirlas a su colección particular. Para ello se valió de los manuales escritos por el célebre autor y escritor Juan Agustín Ceán Bermúdez. Estos manuales describían donde estaban dichas obras de arte y todas sus características por lo que los invasores galos solo tenían que ir a los lugares donde estuvieran los cuadros, estatuas y objetos de valor y cogerlos. En muchas ocasiones los franceses hacían una oferta a la baja y a veces irrisoria a los dueños de tales propiedades artísticas si no querían sufrir terribles represalias junto a sus familias.

En total, Soult y sus tropas se agenciaron de más de 900 cuadros, amen de decenas de objetos de valor incalculables que partieron rumbo a Francia. Asimismo la ciudad sufrió una modificación urbanística con la creación de plazas y lugares abiertos a cambio de derribar parroquias e iglesias que llevaban en pie siglos (los franceses adoraban los espacios abiertos y amplios). Sevilla debía celebrar la onomástica tanto de Napoleón como de su hermano José el Rey de España (el cual residió en los RealesAlcázares cuando visitó Sevilla hasta en dos ocasiones), las cuales culminaban con fuegos artificiales y una corrida taurina. También se crearía una milicia llamada Guardia Cívica adepta a los ocupantes para mantener el orden y una siniestra policía secreta que perseguía de manera implacable a los que osaban resistir. De hecho en 1811 se ejecutaría por garrote vil a dos de los líderes de esta resistencia en Sevilla (Bernardo Palacios Maraver y José González Cuadrado), los cuales prefirieron callar que ser delatores de sus compañeros. Como curiosidad decir que sus cuerpos fueron enterrados en el patio de los naranjos, este grupo de resistentes se llamaba el “Santo congreso hispalense”. En agosto de 1812 finalmente un ejército compuesto de españoles y británicos aparecieron en la lejanía y se batieron con los franceses junto con el pueblo de Sevilla en la famosa “Batalla de Triana” en la que los galos perdieron a más de 400 hombres, no obstante la ciudad perdió gran parte de su tesoro artístico y otra parte quedo dañada y seriamente afectada. Como curiosidad decir que gran parte de los cuadros y obras de arte robadas por Soult fueron a parar a su domicilio en París donde algunas de ellas reposan a día de hoy, siendo otras vendidas y mercadeadas a lo largo y ancho del globo. Algunas de estas pinturas fueron devueltas pero la gran parte de ellas se perdieron para siempre, la pesadilla de la ocupación francesa quedaba atrás pero las heridas serían muy difícil de cerrar en muchas décadas, sin duda este episodio forma parte de la historia más oscura y siniestra de Sevilla.